abril 11, 2023
Asociacionismo, Consiliencia Biología-Humanidades, Divulgación Académica, Empirismo, Historia, La Tábula Rasa, Psicología y Neurociencia Cognitivas, Racionalismo, Teoría Computacional de la Mente

Historia de la Psicología Cognitiva: Implicaciones Filosóficas, Políticas y Futuristas

Resumen: Desde la consiliencia: unificación del conocimiento y citando a varios autores, la Psicología Cognitiva se puede dividir en los períodos filosófico, experimental, su antagónico conductismo (Watson), revolución cognitiva (Miller y Chomsky) y cognitivismo moderno. Los antecedentes filosóficos son fáciles de ver, pero, ¿Qué tiene que ver todo esto con política? ¿Será que las terapias evolucionistas reemplazarán al cognitivismo? ¿Llegaremos a unas neurociencias-cognitivo-evolucionistas-cuánticas?

En ese blog se ha venido hablando de la “Biologización de las Humanidades” [1] o más oficialmente de la Consiliencia (unificación del conocimiento) encarnado en el libro de EO Wilson sobre el tema [2]. Este autor dice en su Sociobiología en su edición del año 2000 [3] que, en esta tarea de conectar la biología con las humanidades, una de las disciplinas clave que está llevando a cabo este cometido por parte de las ciencias naturales son las neurociencias que se encargan de estudiar el sistema nervioso, sobre todo el cerebro (hardware) desde un punto de vista protagónicamente neurobiológico. Y como dice Steven Pinker [4], del otro lado del túnel están cavando los psicólogos cognitivistas (estudian cómo funciona la mente, es decir el software) campo que pertenece a las humanidades. Ya los dos extremos de las excavaciones se encontraron formando el compendio llamado Neurociencia Cognitiva, en el cual también participan neuro-filósofos y que tiene por propósito principal el estudiar las bases físicas de la mente con el fin de resolver el misterio del pensamiento consciente [2] empeño que en la actualidad continúa. Dicho compendio será explicado en este blog, poco a poco, especialmente a partir del libro  “Neurociencia Cognitiva: La Biología de la Mente” de 2019 [5] escrito por las autoridades actuales en este tema, Michael S. Gazzaniga, Richard B. Ivry y George R. Mangun (Profesores de la Universidad de California pero en las sedes de Santa Bárbara, Berkeley y Davis respectivamente), donde se nos ofrece un completo pero conciso recuento de la historia de la psicología, que se presenta en este post resumido y complementado con conceptos de otros autores y preguntas-reflexiones mías. Además, en este blog se ha hablado repetidamente de Psicología Evolucionista, que es otro de los puentes entre biología y humanidades, compuesta por la suma de evolución darwiniana y psicología cognitiva por lo cual esta última debe ser explicada, al menos en sus aspectos históricos, y eso es lo que se pretende hacer sucintamente en este post.

 

La historia de la psicología cognitiva se puede analizar en cuatro períodos: filosófico, experimental temprano, la revolución cognitiva y la psicología cognitiva moderna. Los intentos de comprender la mente y su funcionamiento se remontan al menos a los antiguos griegos, cuando filósofos como Platón y Aristóteles intentaron explicar la naturaleza del conocimiento humano.

 

Períodos Filosófico

Antes del comienzo de la ciencia psicológica experimental en siglo XIX, la mente había sido el territorio de los filósofos, quienes tenían dos posiciones principales: el racionalismo y el empirismo. El racionalismo surgió del período de la Ilustración (1688-1789) y sostenía que todo el conocimiento podía obtenerse mediante el uso exclusivo de la razón: la verdad era intelectual, no sensorial. A través del pensamiento, entonces, los racionalistas determinarían creencias verdaderas y rechazarían creencias que, aunque tal vez reconfortantes, eran insostenibles e incluso supersticiosas. Entre intelectuales y científicos, el racionalismo reemplazó a la religión y se convirtió en la única forma de pensar el mundo. En particular, este punto de vista, de una forma u otra, fue apoyado por René Descartes, Baruch Spinoza y Gottfried Leibniz.

 

Aunque el racionalismo se equipara frecuentemente con el pensamiento lógico, los dos no son idénticos. El racionalismo considera cuestiones tales como el significado de la vida, mientras que la lógica no lo hace. La lógica se basa simplemente en el razonamiento inductivo, las estadísticas, las probabilidades y similares. No se preocupa por estados mentales personales como la felicidad, el interés propio y el bien público. Cada persona sopesa estos temas de manera diferente y, como consecuencia, una decisión racional es más problemática que una simple decisión lógica.

 

El empirismo, por el contrario, es la idea de que todo el conocimiento proviene de la experiencia sensorial, y que el cerebro comienza su vida como una pizarra en blanco (tábula rasa). La experiencia sensorial directa produce ideas y conceptos simples. Cuando las ideas simples interactúan y se asocian entre sí, se crean ideas y conceptos complejos en el sistema de conocimiento de un individuo. Esto se llama asociacionismo. Por ejemplo, escuchas la palabra “verano” y esta palabra puede traer recuerdos como playa, clima caliente, vacaciones. Puesto de esta última forma es algo cierto. Pero hay que recalcar que el asociacionismo, en un sentido estricto, predica que todo el conocimiento parte de la experiencia únicamente (empirismo) y se instala en un cerebro que nace en blanco (tábula rasa).

 

Los filósofos británicos, desde Thomas Hobbes en el siglo XVII, pasando por John Locke y David Hume, hasta John Stuart Mill en el siglo XIX, enfatizaron el papel de la experiencia. No sorprende, entonces, que una importante escuela de psicología experimental surgiera de esta visión asociacionista. Los asociacionistas psicológicos creían que el conjunto de la experiencia de una persona determinaba el curso del desarrollo mental.

 

El conductismo, corriente sobre la cual se hablará más adelante, tiene entonces su origen en el asociacionismo principalmente del ya nombrado filósofo, John Locke (1632-1704) quien como empirista, era adepto a la noción tabula rasa. Es la experiencia, recibida a través de los sentidos, según Locke, la que proporciona el material que forma la mente humana. Al asociar diferentes experiencias, se pueden desarrollar cadenas complejas de ideas y se pueden encontrar nuevas combinaciones. Locke creía que todo el pensamiento humano y la vida mental estaban formados por tales asociaciones [6], lo cual es una explicación más elaborada de lo que es asociacionismo.

 

Psicología Experimental

El estudio de la mente siguió siendo competencia de la filosofía hasta el siglo XIX, cuando se desarrolló la psicología experimental [7] siendo uno de sus pioneros un oftalmólogo holandés, Franciscus Donders quien en 1868 fue el primero en proponer el método, ahora común, de usar diferencias en los tiempos de reacción para inferir diferencias en el procesamiento cognitivo [8]. Sugirió que la diferencia entre la cantidad de tiempo que se tarda en reaccionar a una luz y la cantidad de tiempo necesario para reaccionar a un color de luz en particular es la cantidad de tiempo necesaria para el proceso de identificación de un color. Los psicólogos comenzaron a utilizar este enfoque, afirmando que podían estudiar la mente midiendo el comportamiento, y así nació la psicología experimental.

 

Uno de los primeros científicos en estudiar experimentalmente el asociacionismo fue el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus, quien, a fines del siglo XIX, decidió que los procesos complejos como la memoria podían medirse y analizarse. Se inspiró en los grandes psicofísicos Gustav Fechner y Ernst Heinrich Weber, quienes trabajaron arduamente para relacionar las propiedades físicas de cosas como la luz y el sonido con las experiencias psicológicas que producen en el observador. Estas mediciones fueron rigurosas y reproducibles. Ebbinghaus fue uno de los primeros en comprender que los procesos mentales que son más internos, como la memoria, también podían medirse.

 

Aún más influyente en la formación de la visión asociacionista fue una monografía de 1911 del psicólogo estadounidense Edward Thorndike en la que describió sus observaciones de que una respuesta seguida de una recompensa quedaría grabada en el organismo como una respuesta habitual. Si ninguna recompensa seguía a una respuesta, la misma desaparecería. Por lo tanto, las recompensas proporcionaron un mecanismo para establecer una respuesta más adaptativa. Esto tiene que ver con el famoso perro de fisiólogo Ruso Iván Pavlov (1849-1936) quien acostumbro a su canino que al momento de oír una campana se le serviría comida. Después de un tiempo con solo oír la campana, el canino en cuestión empezaba a salivar en anticipación a supuesta mente comer a si no se le sirviera comida, lo que más tarde sería llamado el reflejo condicionado clásico pavloviano.

 

Conductismo

El asociacionismo dominó los puntos de vista británicos y estadounidenses sobre la mente durante siglos, y en gran medida todavía lo hace. Cuando las ideas y conceptos simples adquiridos empíricamente fueron reemplazadas por estímulos y respuestas, el asociacionismo se convirtió en conductismo [4]. Todo esto se tornó en la explicación psicológica del comportamiento y la psicología experimental quedó dominada por el conductismo, una visión que prácticamente negaba la existencia de la mente. Según conductistas como John. B. Watson, quien rechazó los métodos de Ebbinghaus [5], la psicología debería limitarse a examinar la relación entre los estímulos y las respuestas conductuales observables. Hablar de conciencia y representaciones mentales fue desterrado de la discusión científica respetable [7].

 

El conductismo se comprometió con una idea, ampliamente popularizada por Watson, de que podía convertir a cualquier bebé en un adulto que podía hacer cualquier cosa, desde caminar sobre la cuerda floja hasta hacer neurocirugía. El aprendizaje era la clave, proclamó, y todos tenían el mismo equipo neural sobre el que se podía construir el aprendizaje [5].

 

La posición conductista antimentalista indujo interpretaciones neuro-mecanicistas basadas en los modelos fisiológico de reflejo reforzado por el condicionamiento pavloviano; el conexionismo estímulo-respuesta [9]. Experimentos como el del perro de Pavlov le dieron a impulso a los conductistas en su empeño de lo que en realidad importaba eran los inputs (estímulos) y outputs (comportamiento).

 

La anacrónica noción de la tábula rasa [10, 11], que como ya se dijo es componente importante del conductismo, puede ser usada por sectores de izquierda para sustentar su igualitarismo extremo pues por ejemplo si se fuere a hace una simulación computarizada de una sociedad y todos parten de cero (pizarrón en blanco = tabula rasa) y si les enseña lo mismo (según el empirismo-conductismo todo comportamiento viene exclusivamente del aprendizaje), al cabo de un tiempo determinado, todos tendrán un nivel económico parecido. Esto no es así pues, sin dejar de lado que el ambiente en el que crece cada individuo es particular, no llegamos al mundo en con un cerebro en blanco.

 

Pero apelando al sentido de igualdad, tan en boga en las instituciones académicas debido al continuo trabajo del Marxismo cultural iniciado en 1920 por Antonio Gramsci, fundador del partido comunista italiano [12-15], la psicología estadounidense estaba entusiasmada con esta idea del cerebro nacía como una pizarra en blanco (tábula rasa) sobre la cual construir a través del aprendizaje y la experiencia. Aunque los discípulos de la tábula rasa y el conductismo tenían buenas intenciones, se había infiltrado un sesgo conductista-asociacionista, y todos los departamentos de psicología prominentes del país estaban dirigidos por personas que sostenían este punto de vista.

 

El conductismo persistió a pesar de la posición ya bien establecida, articulada por primera vez por Descartes, Leibniz, Immanuel Kant, Charles Darwin y otros, de que la complejidad está integrada en el organismo humano. La información sensorial no es más que datos sobre los que actúan estructuras mentales preexistentes. Esta última idea es la que domina la psicología actual.

 

Dado todo lo anterior se puede concluir que el conductismo es anti-evolucionista pues al adoptar la noción de la tábula rasa, propia del empirismo del cual desciende, y explicar el comportamiento solo a partir del aprendizaje, está negando la existencia de los instintos, los cuales obviamente evolucionaron Darwinianamente. Aquí volvemos a las connotaciones políticas pues es apenas obvio que las personas de izquierda le confieran a la cultura (aprendizaje, ambiente) todo el protagonismo a la hora de explicar el comportamiento de humano, dentro de lo que se ha llamado el modelo estándar de las ciencias sociales (y humanidades) SSSM [2, 4, 16, 17], negando las características comportamentales de fábrica con los cuales nacemos; instintos y de más sesgos sensoriales innatos llamados reglas epigenéticas. Tampoco se trata de irse a la derecha extrema y achacarle todos los resultados comportamentales a la genética (determinismo genético). Lo más razonable, y que es acogido por los académicos serios y sensatos, que afortunadamente son la mayoría, es el modelo interaccionista entre genética y cultura a la hora de explicar el comportamiento humano.

 

Cognitivismo Temprano

Siguiendo con la historia que llevó a la piscología cognitiva, los psicólogos en Gran Bretaña y Canadá no compartían el sesgo conductista, y Montreal se convirtió en un punto central para la emanación de nuevas ideas sobre cómo la biología da forma a la cognición y el comportamiento. En 1928, Wilder Penfield, un estadounidense que había estudiado neuropatología con Sherrington en Oxford, se convirtió en el primer neurocirujano de esa ciudad. En colaboración con Herbert Jasper, Penfield inventó el “Procedimiento Montreal” para tratar la epilepsia, en el que destruía quirúrgicamente las neuronas del cerebro que producían las convulsiones. Para determinar qué células destruir, estimuló varias partes del cerebro con sondas eléctricas y observó los resultados en los pacientes, que estaban despiertos, acostados en la mesa de operaciones bajo anestesia local únicamente. A partir de estas observaciones, pudo crear mapas de las cortezas sensoriales y motoras del cerebro que consignó en su libro de 1954 sobre epilepsia y anatomía funcional del cerebro [18], lo que confirmó las predicciones topográficas de John Hughlings Jackson de más de medio siglo antes.

 

A Penfield se unió un psicólogo de Nueva Escocia, Donald Hebb, para estudiar los efectos de la cirugía y las lesiones cerebrales en el funcionamiento del cerebro. Hebb se convenció de que el funcionamiento del cerebro explicaba el comportamiento y que la psicología y la biología de un organismo no podían separarse. Aunque esta idea, que ha seguido apareciendo, solo para ser escondida debajo de la alfombra una y otra vez, durante los últimos cientos de años, ahora es bien aceptada. Hebb era un inconformista en ese momento. En 1949 publicó un libro La organización del comportamiento: una teoría neuropsicológica” cuya última edición “rescatada” es de 2005 [19], que sacudió el mundo psicológico. En este libro postuló que el aprendizaje tenía una base biológica. El conocido mantra de la neurociencia “las células que se disparan juntas, permanecerán conectadas” es una destilación de su propuesta de que las neuronas pueden combinarse en una sola unidad de procesamiento, y que los patrones de conexión de estas unidades conforman los algoritmos en constante cambio que determinan la respuesta del cerebro a un estímulo. El término “cognición” se refiere a que todos los procesos mediante los cuales la información sensorial se transforma, reduce, elabora, almacena, recupera y utiliza se lleva a cabo aún en la ausencia de estimulación relevante, como en las imágenes y las alucinaciones [7]. En línea con lo anterior Hebb señaló que el cerebro está activo todo el tiempo, no solo cuando es estimulado por un impulso, y que las entradas del exterior solo pueden modificar la actividad en curso [5].

 

La teoría de Hebb se utilizó posteriormente en el diseño de redes neuronales artificiales. La estudiante de posgrado británica de Hebb, Brenda Milner, continuó los estudios de comportamiento de los pacientes de Penfield, tanto antes como después de la cirugía. Cuando los pacientes posquirúrgicos comenzaron a quejarse de leves pérdidas de memoria, Milner se interesó y fue la primera en proporcionar pruebas anatómicas y fisiológicas de que existen múltiples sistemas de memoria. Brenda Milner es una de las primeras de una larga lista de mujeres influyentes en el campo.

 

Revolución Cognitiva

El verdadero final del dominio del conductismo y la psicología de estímulo-respuesta en los Estados Unidos no llegó hasta finales de la década de 1950, cuando los psicólogos comenzaron a pensar en términos de cognición, no solo de comportamiento. George Miller (Figura 1.21), que había sido un conductista empedernido, cambió de opinión en la década de 1950. En 1951 publicó un libro influyente titulado “Lenguaje y comunicación” [20] y señaló en el prefacio: “El sesgo es conductista”. Once años más tarde, en 1962, escribió otro libro, titulado “Psicología: la ciencia de la vida mental” [21], un título que indicaba un rechazo total a la idea de que la psicología debería descartar el estudio de la mente y estudiar únicamente la conducta, como lo promulgaban los conductistas.

 

Tras reflexionar, Miller determinó que la fecha exacta de su rechazo al conductismo y su despertar cognitivo fue el 11 de septiembre de 1956, durante el segundo Simposio sobre Teoría de la Información, realizado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Ese año había sido rico para varias disciplinas. En ciencias de la computación, Allen Newell y Herbert Simon introdujeron con éxito el Lenguaje de procesamiento de información I, un poderoso programa que simulaba la prueba de teoremas lógicos.

 

El gurú de la informática John von Neumann escribió las conferencias de Silliman sobre organización neuronal, en las que consideró la posibilidad de que las actividades computacionales del cerebro fueran similares a las de una computadora masiva que procesa información en paralelo. Se llevó a cabo una famosa reunión sobre inteligencia artificial en Dartmouth College, a la que asistieron Marvin Minsky, Claude Shannon, conocido como el padre de la “teoría de la información”, y muchos otros.

 

Grandes cosas estaban sucediendo también en psicología. Las técnicas informáticas y de detección de señales, desarrolladas en la Segunda Guerra Mundial para ayudar al Departamento de Defensa de los EUA a detectar submarinos, ahora estaban siendo aplicadas por los psicólogos James Tanner y John Swets para estudiar la percepción.

 

Antes del cognitivismo, durante la época del psicoanálisis de Freud por ejemplo, este autor comparaba a la mente con lo tenía a mano como lo eran el alcantarillado de una ciudad. Cuando este se tapaba y no se hacía nada (el paciente no era tratado) los tubos podían explotar (neurosis). Ahora tenemos computadores y más aún inteligencia artificial con la cual comparar nuestras mentes para llegar a conclusiones más certeras. Es por eso que la Psicología Cognitiva es llamada la teoría computacional de la mente [22].

 

En 1956 Miller publicó su clásico y entretenido artículo “El Mágico Número Siete, más o menos dos” [23], en el que describía un experimento que revelaba un límite en la cantidad de información que podemos guardar en la memoria a corto plazo: unos siete elementos. Miller concluyó que el cerebro, entre otras cosas, es un procesador de información y, rompiendo las ataduras del conductismo, se dio cuenta de que los contenidos de la mente podían ser estudiados, poniendo en marcha la “revolución cognitiva”. La mente dejó de ser algo etéreo que no podía ser estudiado científicamente según los conductistas.

 

Ese mismo año, Miller también se encontró con una versión preliminar de las ideas del lingüista Noam Chomsky sobre las teorías sintácticas reeditadas en un libro de 2006 llamado “Lenguaje y Mente” [24]. En un artículo titulado “Tres modelos para la descripción del lenguaje” [25], Chomsky mostró cómo la previsibilidad secuencial del habla se deriva de la adherencia a reglas gramaticales, no probabilísticas. Por ejemplo, mientras que los niños están expuestos a un conjunto finito de órdenes de palabras, pueden llegar a una oración y un orden de palabras que nunca antes habían escuchado. No armaron esa nueva oración usando asociaciones hechas a partir de una exposición previa al orden de las palabras. El nuevo orden es una construcción novedosa por lo cual algo nuevo está pasando en la cabeza de los niños que no se puede explicar por arcos reflejos de inputs y outputs promulgados por los conductistas. Esto confirma el protagonismo cognitivo en la creación del lenguaje, que empieza como instinto [26] todo lo cual niega la noción de la tabula rasa y la exclusiva importancia de los estímulos y respuestas preconizadas por los conductistas. El mensaje profundo de Chomsky, que recogió Miller, era que la teoría del aprendizaje, es decir, el asociacionismo, en ese entonces fuertemente defendido por el conductista B. F. Skinner, de ninguna manera podía explicar cómo los niños aprendían el lenguaje. La complejidad del lenguaje estaba integrada en el cerebro y se basaba en reglas y principios que trascendían a todas las personas y todos los idiomas. Era innato y era universal: “El Instinto del Lenguaje” de Steven Pinker [26].

 

Así, el 11 de septiembre de 1956, después de un año de gran desarrollo y cambio de teoría, Miller se dio cuenta de que, aunque el conductismo tenía importantes teorías que ofrecer, no podía explicar todo el aprendizaje. Luego se dispuso con Chomsky a comprender las implicaciones psicológicas de las teorías de este último mediante el uso de métodos de prueba psicológicos, y así nació el campo de la psicología cognitiva. Ulric Neisser acuñó el término “Psicología Cognitiva” en su libro sobre dicho tema, publicado en 1967 [27] en la que dicho autor proporciona una definición de psicología cognitiva que caracteriza a las personas como sistemas dinámicos de procesamiento de información cuyas operaciones mentales podrían describirse en términos computacionales o en otras palabras, y como ya se dijo, la Psicología Cognitiva es la teoría computacional de la mente [22]. Además de Chomsky, otro de los principales impulsores de la revolución cognitiva, como ya se dejó entre ver, fue Miller, cuyo objetivo fue comprender cómo funciona el cerebro y la mente consciente que produce como un todo integrado.

 

Entonces la psicología cognitiva es una de las adiciones más recientes a la investigación psicológica que solo se desarrolló como un área separada dentro de la disciplina desde finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, luego de la mencionada “revolución cognitiva” iniciada por la crítica de 1959 de Noam Chomsky al conductismo y al empirismo en general. Los orígenes del pensamiento cognitivo, como la teoría computacional de la mente, se remontan a Descartes en el siglo XVII y llegan hasta Alan Turing en las décadas de 1940 y 1950 [22]. El enfoque cognitivo cobró prominencia con el libro “Percepción y comunicación” de Donald Broadbent publicado originalmente en 1958 y cuya última edición es 2013 [28]. Desde entonces, el paradigma dominante en el área ha sido el modelo de cognición de procesamiento de información que propuso el último autor nombrado. Esta es una forma de pensar y razonar sobre los procesos mentales, visualizándolos como un software que se ejecuta en la computadora que es el cerebro [7].

 

Psicología Cognitiva Moderna

Miller, que junto con Chomsky fueron los protagonistas de la revolución cognitiva, había metido la nariz en los mundos de la lingüística y la informática, y había salido con revelaciones para la psicología y la neurociencia. En la misma línea, en la década de 1970, Patricia Goldman-Rakic formó un equipo multidisciplinario de personas que trabajaban en bioquímica, anatomía, electrofisiología, farmacología y comportamiento. Tenía curiosidad acerca de uno de los sistemas de memoria de Brenda Milner, la memoria de trabajo, y optó por ignorar la afirmación de los conductistas de que no se podía estudiar la función cognitiva superior de la corteza prefrontal. Como resultado, produjo la primera descripción del circuito de la corteza prefrontal y cómo se relaciona con la memoria de trabajo en 1987 [29]. Más tarde, Goldman-Rakic descubrió que las células individuales de la corteza prefrontal se dedican a tareas de memoria específicas, como recordar una cara o una voz. También realizó los primeros estudios sobre la influencia de la dopamina en la corteza prefrontal. Sus hallazgos provocaron un cambio de fase en la comprensión de muchas enfermedades mentales, incluida la esquizofrenia, que anteriormente se pensaba que era el resultado de una mala crianza [5].

 

Conclusiones:

Y es que, en la mezcla de paradigmas, como el conforman la psicología y neurociencia cognitivas, está el placer. Todo esto confirma que la consiliencia impulsada desde los 1970s por de EO Wilson [2, 3, 16, 30] se está llevando a cabo. En el libro “Consilience la Unidad Del Conocimiento” del dicho autor publicado en 1998 [2, 30], ya se da cuenta de la neurociencia cognitiva, lo cual fue confirmado en la misma época por libro de Steven Pinker en libro “Como Funciona la Mente” [4, 31] publicado por primera vez en 1997 al decir que los neurocientíficos (rama de la biología) y psicólogos cognitivistas (rama de las humanidades) estaban cavando de lados opuestos del túnel, implicando que las neurociencias cognitivas son un proceso en marcha. Sin embargo, en la neurociencia cognitiva todavía se notan un poco separadas la neurobiología del cognitivismo. Me parece que está más adelantada la unificación de la psicología cognitiva con la teoría de evolución de Darwin encarnada en la psicología evolucionista, así Carroll, experto en análisis literario usando herramientas de la Psicología Evolucionista (PE), diga, en su libro de 2016 “El Puente Darwin: Unificando las Humanidades y Ciencias” [32] que la misma (la PE) todavía no es un paradigma.

 

Se puede hacer la pregunta de si abordajes tan exitosos como la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) combinan el cognitivismo y conductismo, y que si la aplicación de enfoques más recientes como las terapias evolucionistas [33-35] la cual es posible gracias a la Psicología Evolucionista, se está llegando a una nueva era para la psicología, sobre todo en su aplicación clínica que podría estar reemplazando a la TCC. Además, existe la posibilidad de que el cerebro sea un computador cuántico [36, 37] por lo cual se puede llegar a una suerte de neuro-cognitivismo-evolucionista se puede refinar aún más haciendo consiliencia con la física cuántica. 

 

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Referencias Bibliográficas:

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3. Wilson EO. 2000. Sociobiology: The New Synthesis. Belknap Press of Harvard University Press.

4. Pinker S. 2009. How the Mind Works. W. W. Norton.

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10. Pinker S. 2003. La Tabla Rasa: La Negación Moderna de la Naturaleza Humana. Paidos Iberica Ediciones S A.

11. Duque-Osorio JF. 2014. Crítica a la Tesis de la “Tabula Rasa” y a la Negación de la Naturaleza Humana: Una Opinión. Innovación y Ciencia (ACAC) 21(2): 14-20. Disponible en: https://bit.ly/EDBJFDCriticaTabulaRasa. Consultado el 26-Nov-2022.

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Juan Fernando Duque-Osorio

Juan-Fernando es Máster en Ciencias, Biólogo Profesional y paciente bipolar. Su condición lo ha llevado a ser inquieto por lo cual bloguea y da conferencias sobre diferentes temas. Actualmente está interesado en la consiliencia biología-humanidades y la mezcla, por medio de la Psicología Evolucionista, con el tema del trastorno bipolar sobre el cual funciona como psicoeducador de otros pacientes.

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