Resumen: En el artículo reseñado aquí se propone que la hipomanía evolucionó como
un mecanismo de defensa para anular la depresión, estado que habría sido mortal
para nuestros antepasados en el pleistoceno.
De pronto sucedió así:
la inteligencia de Homo sapiens amplificó las emociones, surgiendo la
depresión y ansiedad. Para contrarrestar la inhibición depresiva, la hipomanía
evolucionó. El artículo es interesante, y aunque reconoce que es un mecanismo
de defensa “en el límite de llegar a perder de llegar a perder el control”,
minimiza los riesgos de una hipomanía. La perspectiva del artículo reseñado
aquí y el par de consejos que doy al final, son adecuados para Trastornos
Bipolares leves y TAB II. Para TAB I se recomienda otro abordaje.

Origen de las
Imágenes: De izquierda a derecha y arriba hacia abajo:
Cazadores y Recolectores: Imagen de Sofia “sonulkaster“ Vlasiuk
tomada de 123RF.com bajo licencia libre. Mecanismo de Defensa Psicológico: Imagen
de Niceideas tomada de 123RF
bajo licencia libre. Caritas
Manía, Hipomanía y Depresión:
Imagen de dominio público de Michael Nuccitelli, Psy.D. Curvas
de los Diferentes Estadíos en TAB:
Imagen de Fel23, CC BY-SA 4.0 via
Wikimedia Commons.

El
artículo
[1] que se reseña aquí
tiene por título “Hipomanía: Un Mecanismo de Defensa que Anula la Inhibición
Depresiva” y fue escrito por Brad Bowins del Servicio de Psiquiatría de la
Universidad de Toronto en Canadá.


Dado
que nuestra especie, Homo sapiens, surgió apenas unos 200,000 años, en
este tiempo no ha habido cambio en el tamaño cerebral con respecto al tamaño
corporal. Es decir, desde un punto de vista estrictamente biológico, seguimos
siendo igual que hace 200,000 años. Por lo tanto, las emociones que sentíamos
en esos tiempos prehistóricos deben ser muy parecidas a las que sentimos
actualmente, y esto incluye a la depresión. En un contexto evolucionista, lo
más perjudicial de los estados depresivos es la inhibición de la fuerza de
voluntad. La inhibición depresiva debilita la motivación, la actividad física y
la capacidad cognitiva
[2].


Durante
el Pleistoceno y en el contexto de nuestro Ambiente de Adaptación Evolutiva
(AAE), la comida era escasa, y las amenazas de predadores y la competencia de
otros grupos de humanos eran peligros reales. Los síntomas de una depresión
habrían amenazado la supervivencia de un individuo o al menos habrían llevado
al piso su aptitud biológico-reproductiva o fitness. Las limitaciones físicas y
cognitivas a las que conlleva la inhibición causada por una depresión podían
seriamente disminuir la capacidad física de una persona para cuidarse a sí
mismo y sus crías, evitar ser depredado, funcionar correctamente en un grupo social
y conseguir pareja(s). El ser negligente en cumplir obligaciones importantes
dentro de grupos sociales pueden resultar en tener un bajo rango o incluso ser
expulsado de los mismos.


Relevante
a la inhibición depresiva, están los conceptos de Sistema de Activación
Comportamental (Behavioral Activation System: BAS) and Sistema de Inhibición
Comportamental (Behavioral Inhibition Systm: BIS)
[3]. Estos son sistemas
motivacionales generales muy antiguos en donde el de Activación Comportamental
(BAS) está orientado y basado en incentivos apetitosos en todos los sentidos y
el Inhibición Comportamental (BIS) lleva a respuestas de huida o evitación de estímulos.
Esto está en línea con lo que
se
expuso antes en este blog
, en el sentido de que la depresión y la
hipomanía funcionan en consonancia, la primera como un disuasivo y la segunda
como un incentivo, y a partir esto el individuo se comportará de ciertas formas
que mejoren su aptitud biológico-reproductiva (fitness)
[4]. En otras palabras, el
BIS y el BAS funcionan de forma sinérgica. El Sistema de Activación Comportamental
(BAS) lleva a tener una afectividad positiva mientras que el de inhibición
(BIS) lleva a lo contrario (afectividad negativa) y cuando este último sistema
se vuelve preponderante puede llevar a desordenes de ansiedad, particularmente
de tipo social
[5]. De hecho, el exceso
funcional del Sistema de Inhibición Comportamental (BIS) está relacionado con un
espectro más amplio de condiciones psiquiátricas mientras que la disfunción del
Sistema de Activación Comportamental (BAS) está más restringido a desórdenes
afectivos.


Una
de las principales diferencias entre la depresión bipolar, por un lado, y el
Sistemas de Inhibición (BIS) y Activación (BAS) Comportamentales, reside en la
interacción con el ambiente. La inhibición causada por una depresión bipolar
sucede en gran parte de forma independiente del ambiente y es como si tuviera
vida propia. El sol puede estar brillante y las circunstancias de la vida de la
persona pueden estar objetivamente bien, pero la inhibición de la voluntad de
la persona persiste. Al individuo que está en dicha situación generalmente se
le dice que lo supere, lo cual refleja que comúnmente pensamos que el ánimo siempre
depende de las circunstancias ambientales. Para una persona atrapada en este
tipo de depresión, estos comentarios tipo “supéralo”, tienen tanto sentido como
si le pidiesen a uno que flotara superando la fuerza de la gravedad que ejerce
el planeta sobre cada uno de nosotros.


Al
contrario de lo que pasa con la inhibición que produce la depresión bipolar que,
repito, persiste de forma independiente de las circunstancias, los sistemas de
inhibición (BIS) y activación (BAS) comportamentales responden a las
condiciones cambiantes. Cuando el ambiente físico y/o social es amenazante el
sistema inhibitorio (BIS) se activa. Cuando el individuo percibe a partir de
las circunstancias que el potencial para obtener una recompensa es muy bajo el
sistema de activación (BAS) es inhibido llevando a la conservación de los
recursos existentes y la reducción de los esfuerzos para asegurar recursos
adicionales. El Desorden Afectivo Estacional (SADS) es un ejemplo de cómo el
ánimo responde a las circunstancias ambientales. A lo largo de la evolución,
bajos niveles de luz implicaban clima frío, vegetación casi que completamente
reducida y menos presas. Estas circunstancias amenazaban la supervivencia e
indicaban que el gastar recursos (como grasa corporal) era muy improbable que
fueran a producir una ganancia
[6]. Entonces durante el
invierno, el individuo que sufre de desorden afectivo estacional, siente un
deseo como de hibernar, de esconderse y no gastar recursos. Esto tiene que ver
con lo yo lo hipotetizo en mi artículo “
Evolución
filogenética (Darwiniana) de las condiciones del gradiente afectivo bipolar
[7] y que ha sido
previamente publicado por al menos una autora
[8]


La
responsividad al ambiente observada en el Desorden Afectivo Estacional (SADS) y
en los sistemas de inhibición (BIS) y Activación (BAS) comportamental es
evidente cuando los aquejados por esta condición afectiva acabada de mencionar
casi que inmediatamente responden a luz de alta intensidad sea artificial o
natural. Mientras que una persona inhibida por una depresión no va a responder
a un receso en el invierno tomado en un destino soleado y tropical, una persona
con Desorden Afectivo Estacional responde en cuestión de horas o días saliendo
de su “hibernación” con actividad altamente incrementada. Incluso aquellos que
no sufren de desorden afectivo estacional experimentan que un día caluroso puede
ponerlos más activos. Los sistemas de inhibición (BIS) y Activación (BAS)
comportamental también se activan rápidamente a condiciones internas como el
hambre, sed, frío y emociones como la furia, miedo y disgusto.


La
característica más definitoria de nuestra evolución ha sido el desarrollo de
capacidades intelectuales que exceden bastamente a aquellas de incluso nuestros
primos más cercanos, los demás grandes simios, es decir los chimpancés, gorilas
y orangutanes
[9]. La inteligencia les
permitió a nuestros ancestros el diseñar y utilizar tecnología, funcionar en
grupos sociales complejos hasta convertirnos en el máximo predador con poco
armamento natural como dientes y uñas que son muy pequeños al ser comparados
con otros predadores. La evolución de la inteligencia humana ha producido, como
efecto secundario, la amplificación de los estados emocionales
[10]. La inteligencia
humana amplifica las emociones al hacer que estas evaluaciones cognitivas sean
más intensas y extensas, y además le añade la dimensión temporal. Por ejemplo,
una persona pierde su empleo, piensa en todas las pérdidas asociadas como
pérdida de dinero y estatus lo cual intensifica dicha pérdida. Los
pensamientos, especialmente aquellos erróneos denunciados por los teóricos de
la terapia cognitivo conductual
[11], pueden extender la
pérdida al hacer pensar al aquejado que no encontrará otro trabajo, de esta
forma catastrofizándola. El aspecto temporal puede aumentar la pena por la pérdida
pues surgen pensamientos dañinos que la misma puede durar semanas, meses o
incluso años. En vez de experimentar la pena estrictamente en el presente, como
le pasa a la mayoría de demás animales, la dimensión temporal la amplifica las
consecuencias emocionales de una pérdida.





Al
amplificar las emociones la inteligencia humana nos hace las más emocionales de
las criaturas
[12]. Al amplificar las
emociones negativas la inteligencia humana contribuye a desordenes de ansiedad
y depresión lo cual conduce la necesidad de tener mecanismos psicológicos de
defensa
[10]. El mismo proceso
aplica para los sistemas comportamentales inhibitorio (BIS) y activante (BAS),
dado que la inteligencia humana amplifica los mecanismos cognitivos que activan
o inhiben estos sistemas motivacionales. Por ejemplo, percepciones de amenazas
en el ambiente social pueden verse amplificadas llevando a una activación BIS
más fuerte. Distorsiones cognitivas influencian el impacto de las señales
ambientales, lo cual potencialmente puede amplificar o atenuar la habilidad de
activar el sistema relevante. Durante nuestra evolución, cogniciones
amplificadas para la inhibición del BAS y activación del BIS resultó en
inhibición depresiva intensificada. El resultante impacto negativo en la
aptitud biológica (reproductiva) hizo necesario el desarrollo de mecanismos de
defensa capaces de anular dicha inhibición.


Los
mecanismos de defensa se refieren a constructos psicológicos que bloquean la
percepción consciente de estímulos subconscientes inaceptables. En un sentido
más amplio, los mecanismos de defensa protegen al individuo de estados que
reducen su aptitud biológica o fitness
[13]. Estados de ansiedad y
depresión resultantes del efecto amplificador de la inteligencia humana,
necesitaron de la acción de mecanismos psicológicos de defensa, de forma
similar a como nuestro sistema inmune nos defiende en contra de patógenos
[10, 14]. En otras palabras,
para la psicología de Homo sapiens, los mecanismos de defensa psicológicos
son lo que el sistema inmune es para nuestra biología. Dado el efecto reductor
de la aptitud biológica (fitness) de la inhibición depresiva, es lógico que
mecanismos de defensa hubiesen evolucionado para anularla. Imaginémonos un
individuo deprimido en un contexto de grupos de cazadores y recolectores
durante el pleistoceno, época en la cual las fuentes de comida eran escasas y
los predadores estaban al acecho. El estado de inhibición depresiva hubiese
impedido severamente la motivación de la persona deprimida para buscar comida
difícil de encontrar, y a la vez tener la concentración y vigilancia para
protegerse a sí mismo y sus crías de depredadores. La inhibición depresiva
también hubiese reducido el fitness dentro del grupo en varias formas. La vida
dentro de un grupo de cazadores y recolectores es muy dinámica con alianzas,
oportunidades y relaciones de responsabilidad siempre cambiantes. Para navegar
en la pequeña política que todo esto implica, el individuo tiene que estar alerta
y responsivo. Yendo aún más allá, la expresión de un estado de inhibición
depresiva hubiese indicado que el individuo no es deseable como aliado o
pareja, incrementándose la probabilidad de rechazo social. En nuestro contexto
de cazadores y recolectores propio de nuestro Ambiente de Adaptación Evolutiva
(AAE) durante el Pleistoceno (2.5 millones hasta 10,000 años atrás)
[15-18], la
inhibición depresiva redujo fuertemente la adaptabilidad del individuo en
cuestión tanto al ambiente físico como social. Dado que un estado depresivo no
cedería en cuestión de horas o días, la evolución solucionó este problema al
proporcionar un mecanismo que, al menos temporalmente, anulara la inhibición
depresiva y permitiendo así que el individuo continuara mostrando
comportamientos que permitieran mantener su fitness, tales como buscar comida y
a la vez estar pendiente de predadores.


Para
ser exitoso, un mecanismo de defensa diseñado para anular la inhibición
depresiva, tendría que rápidamente incrementar la actividad física y mental.
Parece que el estado de ánimo no es tan importante desde el punto de vista
evolucionista porque la inhibición depresiva impacta negativamente al fitness
al reducir el nivel de actividad. De forma personal esto yo lo llamo el nivel
de laboriosidad, que como veremos a continuación, no implica necesariamente
variaciones de ánimo, al menos cuando suceden hipomanías leves (hipertimias).
En hipomanías fuertes y manías claro que se da ánimo eufórico. Pero la evidencia
señala que lo más característico de una hipomanía es la sobre-actividad, lo
cual ya fue anotado por E. Kreapelin (el padre de la psiquiatría moderna) desde
1913
[19]. Incluso puede haber
sobre-actividad productiva
[20] que yo como paciente
he sentido cuando me dan esos pequeños episodios de híper-laboriosidad. Kraepelin
dijo que la hipomanía no necesariamente impide el funcionamiento del paciente,
no requiere hospitalización y la sobre-actividad mas no el cambio de ánimo, es
su principal característica
[19]. La sobre-actividad,
medida como un incremento en las actividades dirigidas a objetivos, es el
síntoma hipomaníaco más común y muestra mayor asociación estadística
especialmente significativa con Trastorno Bipolar II (TAB II).


Varios
características soportan el ascender al a sobre-actividad como uno de los
criterios principales para diagnosticar un episodio hipomaníaco
[20]. Esto incluye, entre
otros:


1. Sobre-actividad
es el síntoma hipomaníaco más común.


2. Sobre-actividad,
comparada con otros síntomas hipomaníacos, tuvo asociación estadística con TAB
II.


3. El
análisis de factores demostró que la sobre-actividad, tanto mental como física,
fueron dimensiones independientes del cambio de ánimo.


4. Pacientes
con episodios hipomaníacos mostraron sobre-actividad de forma más frecuente (90%
de ellos) al compararse con el síntoma de tener el ánimo elevado (77% de
ellos).


En
un estudio que examinó la historia de vida de 126 pacientes con depresión mayor
y 187 con TAB II con antecedentes de manía/hipomanía se encontró que el síntoma
hipomaníaco presente en el 50% de esta muestra combinada fueron fuga de ideas
energía incrementada, actividad social elevada e irritabilidad. La fuga de
ideas representa sobre-actividad mental mientras que la energía y sociabilidad
elevadas son tipos de sobre-actividad física
[21]. También se encontró
que, con respecto al ánimo, que la irritabilidad era más característica de la
hipomanía, pero no la euforia.


Para que un episodio hipomaníaco
efectivamente anule la inhibición causada por depresión, la sobre-actividad,
tanto mental como física, son esenciales. El ánimo elevado puede ayudar a la
motivación, pero no es crucial. Con actividades física y mental incrementadas
una persona en nuestro Ambiente de Evolución Adaptativa (AAE) durante el
pleistoceno, podría sobreponerse a la inhibición depresiva y efectivamente
involucrarse en actividades cruciales como la búsqueda de comida y agua,
defenderse de predadores y competir con miembros de otros grupos de
cazadores-recolectores. El funcionamiento social también se vería mejorado,
evitando el aislamiento que pudo haber originado un estado depresivo, y a la
vez estar alerta para aprovechar oportunidades sociales nuevas como estar listo
para aparearse o formar nuevas alianzas.


En el contexto evolucionista que se
está examinando aquí, un mecanismo de defensa en contra de la inhibición
depresiva como lo puede ser la hipomanía debe empezar a actuar rápido, y
funcionar óptimamente durante horas o días para así conferir una ventaja seleccionable
por la evolución. Y la evidencia parece sostener esto pues las hipomanías
típicamente duran de uno a tres días. También se ha encontrado que el cambio de
un estado depresivo o eutímico a uno hipomaníaco se da rápido. Esto se puede
ver con terapias como la deprivación del sueño
[22] o tratamientos con ciertos antidepresivos que pueden
dar viraje rápido a la hipomanía o incluso la manía. En estos casos, el
identificar el primer estado (la hipomanía) como uno transicional al segundo
(manía), puede ser muy difícil.


Las fuentes bibliográficas que
detallan los aspectos constructivos de los estados bipolares generalmente no
distinguen de forma clara sus variadas expresiones como puede ser un estado
elevado pero que no llega a ser hipomaníaco completamente (hipomanía
sub-umbral), temperamento hipertímico, hipomanía como tal y manía. El
temperamento hipertímico se refiere a que el individuo tiene un estado parecido
al hipomaníaco, de forma sostenida
[23]. Sin embargo, cada uno de estos términos, describe
comportamientos que, bajo ciertas circunstancias pueden ser altamente
adaptativos: extroversión, competencia en tres o más idiomas, creatividad,
búsqueda de experiencias e información nueva, exceso de actividad y sexualidad,
etc. Otro dato de notar es que mientras que el alcanzar una meta en individuos
no bipolares puede provocar “triunfalismos relajantes”, el mismo suceso
(alcanzar una meta) hace que los bipolares muestren un intensificado
comportamiento dirigido a conseguir más objetivos. Incrementos en el sistema
activador (BAS) asociados con manía o hipomanía son los que producen este
efecto. Incluso se ha observado en cicladores rápidos, un matiz o tipo de
hipomanía siempre está presente, que se caracteriza por que el individuo
requiere un poco menos de sueño, estas más activo y hablador, lo cual
obviamente no compromete su funcionamiento o calidad de vida; todo lo
contrario, tiene muchos aspectos positivos.


En general y para resumir todo lo
positivo que se dice en artículo que se está reseñando acá
[1] sobre la hipomanía, puedo decir por experiencia
propia que este estado, llevado de forma medida y bien administrado puede traer
mejoras en la actividad intelectual, creativa, social, productividad,
optimismo, etc. Al mejorar el desempeño en estas y otras áreas, los episodios
hipomaníacos bien llevados pueden ser altamente beneficiosos y adaptativos.
Como Kraepelin (quien como ya se dijo es el padre de la psiquiatría moderna)
dijo en 1921 “la excitación en la voluntad que acompaña a la enfermedad puede,
bajo ciertas circunstancias, liberar poderes que de otra forma están
constreñidos por toda clase de inhibiciones”
[24].





La ansiedad social y depresión
mayor suelen ser comórbidas (aparecer a la vez). Al examinar la relación entre
desorden bipolar y ansiedad, se encontró que la fobia social generalizada
precede a la primera manifestación del trastorno bipolar y que la misma muestra
una completa remisión (mejoría) durante la hipomanía. Entonces, y para no
repetir tanto, es claro que una hipomanía bien llevada puede mejorar la
sociabilidad de un individuo
[21], incluso en aquellos con ansiedad social.


Como ya se repasó aquí en el
artículo de este blog llamado “
Evolución de la Depresión: Un Repaso a las
Explicaciones Convencionales de la Medicina Darwiniana
[25] y como fue explicado primeramente por un artículo
clásico de John Price (ha ocupado muchos cargos como destacada autoridad
psiquiátrica a nivel mundial. Su cargo más reciente fue probablemente el de
Presidente de Sección de Psicoterapia de la Asociación Psiquiátrica Mundial”) en
1967
[26] y de acuerdo a su Libro de “Psiquiatría Evolucionista”
[27], se ha relacionado mucho el TAB con las jerarquías
sociales en nuestro Ambiente de Adaptación Evolutiva (AAE)
[18] durante el pleistoceno: se equipara a la manía con
una ascenso en la jerarquía social y la depresión con declinamiento en la
misma. El estatus alfa (dominante) estaría asociado al lado maníaco del
espectro bipolar mientras que la subordinación social (estatus omega) está
relacionado con la depresión. Siguiendo con el contexto evolucionista,
funcionamiento social mejorado y derivado de la anulación de la inhibición
depresiva pudieron haber aumentado la probabilidad de recibir mejor comida,
refugio, defensa junto con otras ventajas que suponen un estatus jerárquico
alto como más apareamientos exitosos y máxima capacidad para aprovechar las
oportunidades.
 


La hipomanía se puede ver como un
estado o como una variedad de personalidad. Una “personalidad hipomaníaca” más
comúnmente conocida como temperamento hipertímico. Este tipo de personalidad se
presenta como una hipomanía basal permanente. Las personas con temperamento
hipertímico tienden a ser líderes, a buscar nuevas experiencias y a ser
arriesgadas. Desde un punto de vista evolucionista hay varias posibilidades en
cuanto a la relación entre temperamento hipertímico e hipomanía. Por ejemplo,
este tipo de temperamento pudo haber servido como plantilla para que la
hipomanía evolucionase como mecanismo de defensa psicológico contra la
depresión o casi que, al contrario, el éxito de la hipomanía como dicho
mecanismo pude haber hecho que la misma fuera incorporada en los substratos de
la personalidad de individuos con temperamento hipertímico.


Dado que el temperamento
hipertímico está presente en máximo el 1% de la población y la hipomanía es
mucho más común, es posible que la hipomanía haya evolucionado primero.
Temperamentos afectivos como el hipertímico pueden ser vistos como variantes
leves del desorden bipolar. De pronto los efectos positivos que tiene la
hipomanía sobre le fitness en el contexto de inhibición depresiva, llevó a que
esta (la hipomanía) a expresiones más la largas en el tiempo y basadas en la
personalidad de este mecanismo de defensa resultando en la evolución del
temperamento hipertímico. Este temperamento funciona como protección en contra
de la ocurrencia de depresión, constituyéndose en una defensa proactiva frente
a la inhibición depresiva, disminuyendo así el detrimento que la misma haría
sobre el fitness evolutivo.


La evolución de estos mecanismos de
defensa (hipomanía e hipertimia) pudieron haber sucedido de la siguiente forma:
los sistemas de inhibición (BIS) y activación comportamental (BAS) aparecieron
mucho antes que la evolución de los hominoideos y eran responsables a circunstancias
ambientales fluctuantes. La inteligencia como característica evolutiva clave de
Homo sapiens interactuó con los sistemas BIS y BAS produciendo un efecto
emocional amplificador.  Con los sistemas
de inhibición (BIS) y activación (BAS) comportamentales junto con emociones
amplificados, la depresión y la ansiedad social emergieron. Para contrarrestar
estas condiciones, sobre todo la inhibición depresiva que disminuye el fitness,
los mencionados mecanismos de defensa emergieron (hipomanía e hipertimia).


Con el advenimiento de la
agricultura hace 10,000 años (fin del pleistoceno) y los primeros poblados se
produjo una mayor especialización del trabajo y la interacción con extraños
como parte de intercambio de bienes y servicios. La acumulación de recursos se
hizo posible y aceptable en formas que no eran ni remotamente posibles en los
grupos de cazadores y recolectores que precedieron a la revolución agrícola.
Este escenario reciente probablemente conllevó a la amplia difusión de genes
que codifican para personalidad hipertímica. Siguiendo adelante en la historia
humana, el temperamento hipertímico alcanza su máximo potencial adaptativo en
la sociedad moderna industrializada. El ser un “alcanzador de objetivos” que
nunca se cansa de los retos que poner la vida, puede ser altamente
recompensante. Actualmente hay mucha gente que se induce comportamiento hipertímico
al consumir estimulantes como la cafeína o bebidas energizantes como el Red Bull.
La hipertimia probablemente representa una variante de personalidad que
actualmente está teniendo rápida difusión y modificación desde el punto de
vista genético. La investigación en genética evolucionista humana indica que
genes como aquellos que codifican para caracteres como la hipomanía-hipertimia,
y que como ya se ha dicho combaten la inhibición depresiva, se pueden esparcir
rápido, particularmente en poblaciones grandes
[28].


En comparación con la hipomanía,
que puede ser difícil de detectar clínicamente porque típicamente es
adaptativa, la manía sí se puede detectar fácilmente dada sus características
muy conspicuas y desadaptativas. Aunque se justifica el separar a las dos
entidades (hipomanía y manía) en realidad lo que hay es un espectro o gradiente
que va desde hipomanías leves “sub-umbral” pasando por hipomanía como tal y
manía leve hasta llegar manía psicótica. Por esto y considerando la
sobre-actividad física y mental como característica clave que permite a la
hipomanía funcionar mecanismo que anula la inhibición depresiva, es fácil ver
que este mecanismo es uno de defensa que opera en el borde que puede llevar a
que la persona pierda el control. Sin frenos a la actividad física y mental se
pueden acelerar al grado de que el contacto con la realidad sea difícil de
mantener. La principal característica que distingue a la hipomanía de una manía
completa y auténtica es que la última implica psicosis (manía en griego quiere
decir psicosis) en la cual la persona por ejemplo tiene delirios de
grandiosidad como tener poderes y ser el rey del mundo.


En una hipomanía típicamente el
paciente no pierde su conexión con la realidad. Sin embargo, en este estado una
persona típicamente tiene autoconfianza y optimismo inflados con respecto a sus
probabilidades de ser exitoso en determinado proyecto. Distorsiones cognitivas
de estas más intensas pueden convertirse en delirios de grandeza. Por ejemplo,
con una autoconfianza incrementada durante un episodio hipomaníaco, una persona
puede llegar a creer que tiene percepciones religiosas únicas que debe
compartir. A mí me paso,
como lo relate en otro post de este blog, cuando en un verano en NY, estación que siempre me
ponen hipomaníaco (prefiero vivir en el trópico), me dio una epifanía o
experiencia religiosa aun siendo ateo
[29]. Una intensificación de estas distorsiones
cognitivas, como por ejemplo creer que es una persona clave para la conversión
religiosa de las masas por la información que dios le dio de forma exclusiva
(hasta allá no llegué yo) puede ya tratarse de una manía. De esta forma una
distorsión cognitiva del sentido de la autoconfianza ya se ve transformada en
un delirio. Estas supuestas percepciones altamente aumentadas son una
característica clave de las manías. Lo cual asociado con atención muy
fácilmente distraíble y fuga de ideas puede producir una variedad de
experiencias alucinatorias y delirantes por parte del sujeto que sufre una
manía completa.
 


Mientras que una hipomanía es
generalmente adaptativa, las manías completas y auténticas implican una
desconexión de la realidad, funcionamiento alterado, pérdida de recursos
(maratones de compras), relaciones interpersonales, entre otros, que frecuentemente
surgen en estado maníaco. Sin embargo, incluso en los estados maníacos más
extremos todavía hay campo para cierto potencial adaptativo, al menos en
ciertos contextos. Por ejemplo, y volviendo a nuestro contexto ancestral, en un
estado completamente desinhibido, pero aún coherente, un hombre puede tratar de
seducir a mujeres que de otra forma serían vistas como inalcanzables o
exitosamente atacar a un individuo de alto rango en el grupo social para
asegurarse recursos privilegiados.


Si la hipomanía típicamente
progresara en una manía, el valor de este mecanismo de defensa anulatorio de la
depresión sería muy bajo. Se estima que el 3 al 6% de la población general en
el mundo tiene hipomanía o es ciclotímico. Hipomanías sub-umbral serían más
comunes todavía. La manía es mucho menos común y se estima que ocurre en el 1%
de la población. El Trastorno Bipolar tipo II (TAB II) da cuenta de al menos el
50% de todas las depresiones observadas en la práctica clínica
[23]. La mayor prevalencia de hipomanía comparada con
manía y teniendo la primera (la hipomanía) una prevalencia algo parecida a la
depresión, soporta su rol como mecanismo de defensa en contra de la inhibición
depresiva. Es más, la mayoría de aquellos que tienen hipomanía no van a
desarrollar un episodio maníaco y por lo tanto van a mostrar comportamiento
predominantemente adaptativo. Entre ciclotímicos, solo el 6% van a desarrollar
una manía.


Es difícil saber porque algunos
individuos desarrollan manías completas y auténticas, pero factores genéticos
como la vulnerabilidad a mostrar psicosis y manía en sí, uso excesivo de
alcohol y otras drogas (
que son diferentes a los fármacos [30]) lo cual se da con frecuencia en bipolares, viraje
por antidepresivos y el estrés, pueden todos jugar un rol, particularmente
cuando la manía no es precedida por una hipomanía. Los mismos factores,
especialmente la toma inadecuada de antidepresivos y el uso de drogas pueden
incrementar la probabilidad de que una hipomanía se convierta en una manía.
 





Conclusiones

La
inhibición depresiva, conformada hasta cierto punto baja activación y alta
inhibición comportamental, habría bajado el fitness de un individuo en contexto
evolucionista. La hipomanía proporcionó solución a corto plazo que
efectivamente restaura la actividad física y mental de forma adaptativa. Operando
como un mecanismo de defensa, la hipomanía es activada en respuesta a un
episodio depresivo o proactivamente para evitar uno. En el caso de prevenir un
episodio de estos lo más probable es que ya haya una historia de depresiones
anteriores y pródromos (síntomas tempranos) de que se acerca una puede disparar
una hipomanía como mecanismo de defensa. La versión proactiva más prominente de
dicho mecanismo consiste en el temperamento hipertímico el cual proporciona
sobre-actividad física y mental de forma sostenible. La sobre-actividad física
y mental inherente a la hipomanía incrementa la productividad, creatividad,
sensibilidad, funcionamiento sexual y sociabilidad. Cuando hay ansiedad social
como parte de un episodio depresivo, la hipomanía anula las inhibiciones
sociales para restaurar el funcionamiento social adaptativo.


Además de proporcionar un marco
conceptual por medio del cual entender los origines de la hipomanía y manía, la
perspectiva evolucionista sugiere que la hipomanía puede ser normal y
adaptativa como respuesta a un episodio depresivo o, como ya se dijo,
constituirse en un mecanismo que lo puede prevenir. La hipomanía, leve diría
yo, puede ser vista como un tratamiento natural contra la depresión y no un
problema a tratar. 


Simplemente al estimular el
ejercicio físico, el involucrarse en actividades constructivas y la
participación social, los clínicos pueden ayudar a que surja una hipomanía leve
que contrarreste una depresión. Dado que típicamente no progresa a una manía,
la hipomanía tiene relativamente pocos inconvenientes y puede ser muy
adaptativa. Incluso en las condiciones en que vivimos ahora, que son muy
diferentes a aquellas de nuestros antepasados cazadores y recolectores, la
sobre-actividad física y mental que proporciona la hipomanía puede ser
altamente beneficiosa, reduciendo o eliminando la inhibición de la fuerza de
voluntad que produce la depresión. La hipomanía es entonces una mecanismo
reactivo y proactivo de defensa en contra de la depresión que actúa en el
límite.


Comentario Personal

Quisiera
comenzar con lo último del párrafo anterior: que actúa en el límite. Varias
veces durante la reseña de este artículo
[1] le agregue la palabra “leve” cuando se hablaba de la
hipomanía como mecanismo de defensa en contra de depresión. En principio esto
es cierto. Yo mismo, en el pasado, cuando todavía me daban depresiones fuertes,
me provocaba hipomanías para aliviarme. Si no tenés problemas cardiacos, una
forma de deshacerse de una depresión es poner un despertador relativamente
escandaloso y temprano por la mañana, de modo que la adrenalina que se libera
como resultado de este despertar repentino, lo puede sacar a uno de una
depresión en tiempo real, en cuestión de segundos. Otra cosa que puede ayudar,
y como ya se dejó entredicho en este escrito, es exponerse a la luz de forma prolongada,
pero se le puede agregar el recortar las horas de sueño (ojalá madrugando y no
trasnochando), para inducir a una leve hipomanía que te saque de una depresión.
Pero aquí se ve el hecho de que el autor  del artículo que se reseñó aquí
[1] (Brad Bowins del servicio de psiquiatría de la
Universidad de Toronto en Canadá), probablemente nunca ha sufrido de una
hipomanía. Las mismas pueden ser muy incómodas pues quitan el sueño y pueden
llevarlo a uno a gastar más dinero de lo acostumbrado, entre otros
inconvenientes. Siguiendo con esta terminología “convenientemente” el autor
hablar mucho del Trastorno Afectivo Bipolar tipo II (TAB II: Típicamente no
Involucra manías) y no habla del TAB I, el cual se caracteriza por mostrar
tendencia de mostrar manías completas. En este último tipo de pacientes creo yo
que no se debería considerar la hipomanía como tratamiento de una depresión
pues esta solución podría llevar a una manía psicótica. En estos pacientes es
preferible usar
Lamotrigina que como ya se repasó en otro post de este
blog
[31], es el único estabilizador anímico anticonvulsivante
antidepresivo que además no produce viraje a la manía. Entonces el artículo es
interesante, y aunque reconoce que es un mecanismo de defensa “on the edge” (en
el límite de llegar a perder de llegar a perder el control), minimiza los
riesgos de una hipomanía. Sin embargo, la hipomanía leve y a partir de ella, la
personalidad hipertímica (el tener un ánimo un poco subido de forma sostenida),
pudieron haber evolucionado como mecanismos de defensa en contra de la
depresión, última que para nuestros antepasados en el pleistoceno sería mortal.
Entonces el artículo que se reseñó aquí y el par de consejos doy, deben ser vistos
con mucho cuidado, discutidos con tu psiquiatra, y repito, pienso que no son
adecuados en TAB I. Si estás aquejado por este último tipo de Trastorno Bipolar
(TAB I) deberías hablar con tu psiquiatra ver la posibilidad de tomar
Lamotrigina como estabilizador anímico antidepresivo que, y repito, no da
viraje a la manía
[31, 32].


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